"Fue muy fuerte, no lo puedo creer", confesión de mandatario

Francisco, egoísmo, prejuicios, indiferencia 'lepras'del alma''

(ANSA) - CIUDAD DEL VATICANO, 11 FEB - Las críticas unilaterales del presidente argentino, Javier Milei hacia el papa Francisco, e incluso los insultos, de los últimos meses se disuelven en un cálido apretón de manos y un abrazo afectuoso, casi fraternal.
    "Fue muy fuerte, no lo puedo creer", comenta el presidente de Argentina Javier Milei a su círculo íntimo del abrazo fuera de protocolo con el pontífice en la Basílica de San Pedro antes de la misa con el rito de canonización de María Antonia de San José de Paz y Figueroa, más conocida como "Mamá Antula", la primera santa del país latinoamericano.
    Al finalizar la ceremonia se repite un nuevo saludo entre ambos, junto al resto de la delegación oficial.
    Palabras e imágenes inmediatamente relanzadas por los medios argentinos a las que siguió también el inevitable post en las redes sociales del líder ultraliberal acompañado de un "¡Muchas gracias!" en letras mayúsculas.
    El saludo de Jorge Bergoglio a Milei, como estaba previsto en la agenda, no resultó nada evidente en su extrema cordialidad, señal de que para el pontífice argentino los insultos recibidos de Milei durante la campaña electoral - "personaje nefasto" con "afinidad con los comunistas asesinos", incluso "imbécil" y "representante del Maligno en la tierra" - ya son cosas del pasado.
    Entre otras cosas, el presidente "anarcocapitalista" y de extrema derecha está llevando a cabo en su país un durísimo plan de recorte de gastos que ha sido duramente criticado por las organizaciones sociales.
    De esta manera, Milei recibe un primer gesto del Pontífice a la espera de la audiencia privada de mañana por la mañana y quizás también el anuncio de una visita a la Argentina en el segundo semestre de este año.
    Mañana en Roma el jefe de Estado argentino se reunirá también con el presidente italiano, Sergio Mattarella, y la primera ministra, Giorgia Meloni.
    Mientras tanto, sin embargo, las palabras pronunciadas por el Papa en la homilía de la misa por la nueva santa "Mamá Antula" (1730-1799), fundadora de la casa de ejercicios espirituales en Buenos Aires y paladina de los pobres y los desheredados no deben sonar como música para sus oídos y sus posiciones sociales. "Miedo, prejuicio y falsa religiosidad: he aquí tres causas de una gran injusticia, tres 'lepras del alma' que hacen sufrir al débil, descartándolo como desperdicio", dice Francisco. Y "no pensemos que son cosas del pasado", advierte.
    " ¡Cuántas personas que sufren nos encontramos en las aceras de nuestras ciudades! ¡Y cuántos miedos, prejuicios e incoherencias, incluso entre quienes creen y profesan ser cristianos, contribuyen a herirlos aún más! Incluso en nuestro tiempo hay tanta marginación, hay barreras que derribar, 'lepra" que curar", afirma.
    El Papa señala "cuando nos distanciamos de los demás para pensar en nosotros mismos, cuando reducimos el mundo a los muros de nuestro 'sentirnos bien', cuando creemos que el problema son siempre y sólo los demás...".
    "En estos casos tenemos que tener cuidado, porque el diagnóstico es claro: se trata de una 'lepra del alma' - advierte -: una enfermedad que nos vuelve insensibles al amor, a la compasión, que nos destruye a través de las 'gangrenas' del egoísmo, del prejuicio, de la indiferencia e intolerancia".
    En el Angelus después de la misa, como hoy también es la Jornada Mundial del Enfermo, Francisco denuncia "que hoy hay muchas personas a las que se les niega el derecho a la curación y, por tanto, el derecho a la vida".
    "Pienso en quienes viven en la extrema pobreza - continúa -, pero también pienso en los territorios en guerra: ¡allí se violan todos los días los derechos humanos fundamentales! Es intolerable".
    "Recemos por la atormentada Ucrania, por Palestina e Israel - concluye el Pontífice -, recemos por Myanmar y por todos los pueblos atormentados por la guerra". (ANSA).