La OTAN cumple 75 años,

Avanza pese a Trump y Putin. Pero hay desencuentros

Aniversario de la OTAN (foto: ANSA)
Aniversario de la OTAN (foto: ANSA)

(ANSA) - BRUSELAS, por Mattia Bernardo Bagnoli - Todos para uno y uno para todos. La OTAN, simplifica y simplifica, eso es todo. Durante 75 años.
    Y es totalmente apropiado que el lema de los "Tres Mosqueteros" (Alexandre Dumas, el padre) sea en realidad el resumen del artículo 5 del Tratado Atlántico, la cláusula principal de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
    Que en francés (segundo idioma oficial) es la OTAN. Prueba ineludible de que los primos de más allá de los Alpes están totalmente en contra. Y después de todo, el primer cuartel general estaba ubicado justo en la ville lumiere, antes de que Charles de Gaulle, en 1965, anunciara la retirada de Francia del mando integrado. Aliados sí, pero con "juicio".
    En definitiva, la novela militar de la OTAN también se compone de enfrentamientos, golpes bajos, esqueletos en el armario, a todo trapo. Porque los aliados son todas democracias (más o menos) y en el mundo libre también tienes derecho a no estar de acuerdo, véase el ejemplo francés. Lord Hastings Lionel Ismay, el primer secretario general de la Alianza, nombrado en 1950, con una perspicacia británica incomparable, declaró que la organización había sido creada para "mantener a la Unión Soviética fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes abajo".
    Un adagio que sigue siendo válido hoy, aventuran algunos diplomáticos aliados, especialmente si Europa es reemplazada por Alemania. A Estados Unidos, no hay necesidad de darle vueltas, es de hecho el corazón palpitante de la OTAN y representa el 70% de su gasto militar (además de ser el único país que alguna vez ha invocado el Artículo 5, después del 11 de septiembre de 2001).
    De Gaulle abandonó el mando integrado precisamente por razones de soberanía -el cuartel general de la OTAN se trasladó apresuradamente a los barrios marginales de Bruselas y los distintos mandos se dispersaron por toda Europa- y hasta el día de hoy París no participa en la cadena de disuasión nuclear aliada.
    Una relación conflictiva, la de Francia con la OTAN.
    También se produjo el choque con Estados Unidos en el momento de la crisis de Suez, en 1956, junto a Gran Bretaña; las diferencias sobre Vietnam (compartidas por muchos países europeos); el dramático enfrentamiento en el Consejo de Seguridad de la ONU en vísperas de la invasión de Irak en 2003, junto con Berlín. "La OTAN ha vivido muchos momentos difíciles, pero hemos sabido superarlos porque lo que nos une es más fuerte que lo que nos divide", resume el secretario general Jens Stoltenberg, uno de los más 'longevos' de todos los tiempos.
    Fundada precisamente el 4 de abril de 1949 con la firma del Tratado de Washington por los 12 países fundadores (Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal, Reino Unido y Estados Unidos), la Alianza Atlántica creció luego en oleadas sucesivas hasta contar ahora con 32 miembros, con la reciente entrada de Finlandia y Suecia.
    Una historia de éxito, pero, al mismo tiempo, llena de malentendidos: la ampliación a los antiguos satélites de la Unión Soviética, tras la caída de la URSS, condujo de hecho al choque con Rusia, así como a la desaparición de todos cartílago, por ejemplo en el Báltico o precisamente en Finlandia.
    Moscú lo considera un plan imperial estadounidense, desafiando las garantías teóricamente dadas en su momento por Washington a los dirigentes de la URSS de no avanzar hacia el Este tras la caída del Muro de Berlín; Occidente, en cambio, lo considera un proceso democrático -no sencillo, como demostraron Helsinki y Estocolmo- enteramente abierto a los países europeos.
    El Kremlin, dicen los partidarios de la OTAN que vivían dentro de la Cortina de Hierro, debería preguntarse por qué quienes pueden "escapar de su esfera de influencia" buscan efugio en la Alianza Atlántica. Que incluso en tiempos de multipolaridad y mezcla geopolítica, todavía vale "el 50% del PIB mundial". Kiev lo sabe bien. La puerta estaba entreabierta para ella en 2008 (Francia y Alemania se opusieron a una invitación firme) y desde entonces vive en un limbo, tanto más amargo hoy cuanto que, mientras Moscú sigue disparando, convertirse en el miembro número 33 del club está fuera de la pregunta.
    Dicho esto, no hay duda de que la invasión de Ucrania deseada por Vladimir Putin ha dado a la OTAN una nueva inspiración, una segunda primavera: con el fin de la Guerra Fría, la Alianza había luchado por encontrar un lugar en el mundo, reciclarse como actor clave en los teatros de crisis (Yugoslavia, Afganistán, Libia), perdiendo en el camino su carácter defensivo.
    En cambio, las cumbres de Madrid y Vilna, en 2022 y 2023, devolvieron a la Organización del Tratado del Atlántico Norte a su actividad principal: la seguridad colectiva y la disuasión: hacia Rusia, hoy, y quizás hacia China, mañana. Mientras Donald Trump no decida acabar con los soldaditos de juguete. (ANSA).