Activistas, hay que enseñar el feminismo

La igualdad entre hombres y mujeres es un desafío social

Enigmático mural en Padua, en el Día de lso Derechos de las Mujeres (foto: ANSA)
Enigmático mural en Padua, en el Día de lso Derechos de las Mujeres (foto: ANSA)

(ANSA) - ROMA   - En la larga historia de la humanidad, el feminismo es un movimiento reciente, aunque no es así en cuanto a la desigualdad estructural entre hombres y mujeres, presente en todas las civilizaciones, en todas las culturas y en todos los tiempos, aseveraron hoy asociaciones de mujeres y activistas.
    En ese sentido, la única manera de promover la igualdad es educar sobre el feminismo: conocer la historia de la lucha de las mujeres contra la discriminación por razón de sexo; entender cómo la construcción de sociedad con género (patriarcado) intensifica la desigualdad, también deconstruir la crítica al feminismo que busca descalificarla o criminalizarla, conscientes de que esto no promueve la igualdad en todos los ámbitos desde el trabajo hasta la vida privada.
    ¿Qué es y qué no es feminismo? Una definición de feminismo es la que se encuentra en la página web del Instituto Nacional de las Mujeres Mexicanas: "Movimiento político, social, académico, económico y cultural que busca crear conciencia y condiciones para transformar las relaciones sociales, lograr la igualdad entre las personas y eliminar cualquier forma de discriminación o violencia contra la mujer".
    En ocasión del Día Internacional de la Mujer, la escritora y activista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie cree que "todas deberíamos ser feministas".
    Pero en algunos contextos ser feminista no es popular, porque ser feminista es una amenaza al status quo y, entonces, a quienes se encuentran en una posición privilegiada, el feminismo puede molestarles.
    Por eso el feminismo es necesario, pero muchos se preguntan si es un objetivo conseguido.
    Desde la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, mujeres y hombres han sido iguales en derechos, aunque no en la realidad.
    Por ello, Naciones Unidas sigue incluyendo entre los objetivos a alcanzar (objetivo de desarrollo sostenible número 5 de la Agenda 2030) la consecución de la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas.
    Ese doble objetivo se considera la base para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible.
    En el imaginario patriarcal colectivo, el feminismo y, en general, la actividad independiente de las mujeres estuvo lleno de sospechas, cuando no de represión, como ocurrió en el pasado con la caza de brujas.
    La división sexual de roles, que se intenta explicar por razones biológicas ancestrales, sigue pesando en las estadísticas actuales en cuestiones como el reparto desigual de los cuidados, la conciliación, los salarios, los techos de cristal o las agresiones sexuales.
    Por eso, un libro de mediados del siglo pasado como "El segundo sexo", de Simone de Beauvoir, sigue siendo un referente para defender la necesidad de un cambio hacia una sociedad en la que las mujeres no estén en una posición subordinada.
    El camino hacia la igualdad debe desarrollarse en un doble sentido: de arriba hacia abajo, a través de políticas de igualdad; y de abajo hacia arriba, en las actividades de la vida diaria. En ambos es necesaria la educación para la igualdad, es decir, la educación para el feminismo.
    "El feminismo no es lo opuesto al machismo. No apunta a la supremacía de las mujeres sobre los hombres. Buscar la igualdad entre hombres y mujeres. Por este motivo -reflexionó la observadora política Laura Hood en The Conversation - podemos decir que todo lo que no es educar sobre la igualdad es educar sobre el machismo y el sexismo".
    "Cuando ayudamos a las nuevas generaciones de niños y niñas a tomar conciencia de los estereotipos y limitaciones de género, estamos dando el primer paso para liberarlos", añadió.
    Los objetivos para la igualdad deberían apuntar a la socialización de niños y niñas, y también a la percepción que tienen niños y niñas de las características del sexo opuesto.
    También existen diferentes mensajes que cada persona recibe a través de los libros de texto, los medios de comunicación y otros agentes de socialización.
    Por eso educar para la igualdad representa un desafío para las familias, las escuelas y la sociedad en su conjunto, consideran activistas.
    Un reto que podemos abordar con educación y un enfoque actualizado de la masculinidad, que busque relaciones más justas e igualitarias entre hombres y mujeres a través de su mayor implicación en la prestación de cuidados y tareas reproductivas, que sea crítica ante la falta de respeto y la violencia contra las mujeres.
    Es necesario fortalecer la formación inicial y continua para la igualdad del profesorado y de todos los agentes educativos, es decir, de toda la sociedad.
    En el camino hacia la igualdad y en la lucha contra los diversos tipos de violencia que sufren las mujeres, es necesario señalar como responsable al patriarcado, del que hombres y mujeres somos víctimas.
    Junto al poder y los privilegios basados ;;en el sexo, el patriarcado impone a los hombres modelos de masculinidad hegemónica o tóxica: la represión de las emociones o el ejercicio de la violencia contra las mujeres. (ANSA).