Nuevo orden mundial y la crisis de la ONU

El multilateralismo retrocede, las 'lagunas' en las relaciones

(ANSA) - ROMA, 05 MAR - El nuevo orden mundial que se está creando desde el comienzo de la guerra en Ucrania parece muy "desordenado" y sin puntos de referencia. Los patrones clásicos hace tiempo que se rompieron y los nuevos equilibrios geopolíticos que se están formando pueden definirse como una "nueva oposición" entre democracias lideradas por Estados Unidos y autocracias que remiten a China, y subordinadamente a Rusia.
    Pero se trata de una definición frágil y no puede reflejar plenamente los rápidos y complejos cambios que el conflicto ucraniano, la crisis energética y la guerra en Gaza están imponiendo al mundo en los albores del nuevo milenio.
    Sin embargo, podemos decir con certeza que la primera víctima de esta nueva situación es el multilateralismo, cada vez menos reconocido como herramienta para el diálogo y la resolución de crisis a través de negociaciones diplomáticas.
    La prueba más evidente de ello y la crisis profunda en la que terminaron las Naciones Unidas, ya incapaces de poder frenar guerras y tensiones, con el Consejo de Seguridad paralizado por los vetos cruzados de los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia).
    Desde hace muchos años de habla de una reforma de la ONU cuya composición y organización fotografían una realidad fuera de tiempo. Pero cuando, en los años pasados, tuvo lugar un "momento fugaz" en el cual probar cambiar las reglas del juego, en un sentido más democrático y más adherente al curso de la historia, la comunidad internacional no aprovechó la ocasión y pereza y egoísmos varios hicieron lo suyo.
    El resultado es que los llamados y las advertencias de la ONU no tienen peso y autoridad, no son escuchados y no están en grado de agitar las conciencias ni los comportamientos de los países miembros. Las experiencias en Ucrania y en Gaza son la prueba impacto y cotidiana.
    Pero el G20 y el G7 también están sufriendo las consecuencias de la nueva situación global. El G20, al igual que la ONU, es incapaz de tomar decisiones que tengan algún tipo de seguimiento. Y cómo podría hacerlo una organización que incluye a Estados Unidos, Rusia, China y países europeos? Y el G-20 ya ni siquiera puede ser un foro de diálogo, como lo era, por ejemplo, la CSCE (la actual Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, OSCE), que en la época de la Guerra Fría era el único organismo en el que Oriente y Occidente podían, de alguna manera ,podían encontrarse y conversar superando el hielo de aquel momento histórico.
    La aspereza y las tensiones que caracterizan a la actual contraposición entre democracias y autocracias hace, de hecho, imposible la recreación de aquella fórmula.
    Para el G7 (Estados Unidos, Italia, Canadá, Japón, Reino Unido, Francia y Alemania) la situación es diferente. Ya no es el G8, tras la exclusión de Rusia tras la invasión de Crimea en 2014. Por lo tanto, es un órgano de reflexión exclusivo de la Comunidad Occidental y, por tanto, sigue en funcionamiento. Pero la otra parte no lo reconoce en absoluto y, en cambio, liderada por China, busca organizaciones alternativas.
    De ahí la idea de Pekín y Moscú de ampliar el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) a otros países como Irán, Egipto, Etiopía, Arabia Saudita y Emiratos Arabes Unidos.
    Es una forma de "conquistar", a nivel diplomático, el llamado Sur Global donde en realidad conviven muchos países con ideas, visiones y posiciones políticas muy diferentes.
    Por tanto, está claro que el multilateralismo (entendido como una herramienta de diálogo global para reunir diferentes ideas sobre un punto de equilibrio y compromiso) está siendo barrido.
    El nuevo orden mundial que se está creando (y donde la palabra orden no significa, en este caso, tener un marco ordenado y respetuoso de un sistema de reglas comunes) no tiene puntos de referencia compartidos y asemeja siempre más a aquel muro contra muro de la vieja Guerra Fría, aunque con una situación histórica completamente diferente.
    La consecuencia directa es que el diálogo para la solución negociadora y por vías diplomáticas de los conflictos es y será siempre complicado, así como el alcanzar una paz duradera y compartida. Los eventos en Ucrania y en Gaza, lamentablemente, lo confirman todos los días. (ANSA).