El maestro francés Guédiguian cumple 70 años

Lo celebra en el festival Laceno d'Oro, en Italia

(ANSA) - NAPOLI 4 DIC - El cineasta francés Robert Guédiguian, maestro del cine social y político, celebra sus 70 años en la 48va edición del Laceno D'Oro International Film Fest, que tiene lugar hasta el 10 de diciembre en Avellino, Campania, sur de Italia.
    "El mundo ha cambiado, la conciencia de clase ya no existe, como cuando los trabajadores salían juntos de las fábricas: para tenerla hay que estar cerca, escucharse, tocarse. Hoy los lugares colectivos han desaparecido, incluso en el sector terciario. La gente trabaja por separado. El cine es uno de los últimos lugares y por eso hay que salvaguardarlo", sostuvo Guédigian, en diálogo con la prensa.
    El festejo incluye una clase magistral que va mucho más allá de la pantalla. Guédiguian hizo de su Marsella "la forma y el lenguaje" de una narrativa, a menudo comparada con la narrativa literaria de Izzo, siempre marcada por la solidaridad humana.
    Avellino lo premió en nombre del fundador del festival, Pier Paolo Pasolini ("Un maestro, 'Una vida violenta' me influyó de manera fundamental, un intelectual que no tenía miedo de ir contra la corriente"). También se pudo ver un avance de '¡Y la fiesta continúa!', que llegará a cines italianos en abril.
    En el reparto está su esposa, musa, Ariane Ascaride, quien, ausente por estar ocupada en el teatro, le envió un mensaje hasta el escenario. Una ola de amor y pasión cívica que hechizó al público.
    "La película comienza con edificios derrumbados en un barrio popular de Marsella - afirma el director de películas de culto como "Marius y Jeannette", "Los paseos por el Campo de Marte", "Las nieves del Kilimanjaro" - un acontecimiento que realmente ocurrió en 2018 que provocó una movilización desde abajo, una solidaridad entre personas que nunca habían estado involucradas en política, provocando un cambio concreto. La política es la historia del mundo en el momento en que sucede, pero contar la historia es hacer política, nada es neutral. La única forma digna de vivir es hacerlo junto con los demás, colectivamente".
    Muchas son las preguntas de un público atento y felizmente cinéfilo que abarrota este cuidado festival "de lo real".
    "Me interesa la relación entre la gran historia y la historia íntima y social de los personajes, la familia que es un mundo pequeño: la historia más importante es lo que sucede en las habitaciones de las casas. Mientras que los poderes fácticos hacen las leyes, el pueblo muchas veces toma decisiones contrarias a las de los edificios, y resiste. Entre la utopía y el desencanto", expresó.
    Y de nuevo, a quienes le preguntan por su batalla ética, responde: "No debemos esperar a que genios y nuevos profetas nos den respuestas definitivas, sino comprometernos permanentemente a hacer este mundo mejor. Debemos ser nosotros los que intentemos cada día inventar momentos "comunistas", momentos donde hay armonía entre el individuo y la comunidad entendida también como la propia calle, el lugar de trabajo, el condominio. Darnos cuenta de que no estamos haciendo algo sólo para el beneficio personal, sino junto con los demás".
    También está la familia en el centro de su obra y de su cine.
    "Es el primer lugar de socialización, no creo en el valor de la sangre, la familia es cuando acogemos a alguien que no conocemos, tener un hijo no significa ser dueño, sino conocer a un individuo por primera vez, como un extranjero. La familia es un colectivo abierto donde se acoge a las personas, llegan los inmigrantes", dijo.
    Y con su muy unida "familia" cinematográfica ya está trabajando en la película número 24.
    "No es una utopía. Estar juntos funciona", concluyó.
    (ANSA).