El embrujo del sur de Túnez

Recorridos entre naturaleza, historia y sociedad

Un paseo por el desierto al amanecer (foto: Ansa)
15:00, 20 junROMA Por Francesca Pierleoni

(ANSA) - ROMA 20 JUN - Túnez vuelve a compartir las bellezas de su tierra, entre las que se cuentan un imponente lago salado y el Oasis de Tozeur, tras dos años de paro casi total por la pandemia de coronavirus.
    "En Túnez conviven dos mundos. El del norte, más cercano a la vida europea, y el del sur, donde el respeto por las tradiciones sigue siendo fundamental… y un pueblo sin tradiciones es como una planta sin raíces", explicó Jalel Oueghlani, guía turístico desde hace más de 25 años.
    Utilizando la isla de Djerba y el Valtur Djerba Golf Resort & Spa como "base", también ofrece rutas por los "Tesoros del sur" para aquellos turistas que, además de buscar playa o zoco (mercados tradicionales, ndr), quieran descubrir la historia, cine, naturaleza y compartir la cultura local.
    Una inmersión en la que no faltan etapas sorprendentes, aquí resumiremos siete, comenzando por Lo Chott El Djerid, el lago salado de más de 5.000 km2, con una longitud de unos 250 km y 20 km de ancho, que se extiende entre Douz y Tozeur.
    Se trata de una extensión formada por cristales de sal sobre un fondo de arena y arcilla. En verano está completamente seco y la superficie cambia constantemente de color, de verde a blanco como la nieve, de rojo a naranja, debido a la interacción entre la lluvia, la sal y la arena.
    Un lugar muy sugerente y famoso por sus espejismos (evocado por la canción de Franco Battiato y Alice "The Trains of Tozeur"), también elegido por el realizador George Lucas para "Star Wars", ya que se convirtió en el escenario del iglú de la familia adoptiva de Luke Skywalker.
    Luego, está el Museo Etnográfico Dar Cherait en Tozeur, la primera institución de este tipo privada creada en Túnez, en 1990, por el entonces alcalde de la ciudad, Abderrazak Cherait.
    Construido sobre el modelo de una casa burguesa, a través de las habitaciones que se abren al patio interior, vuelve a proponer escenas y sitios de la vida cotidiana tunecina del siglo XIX, con una sugerencia de sonidos y una amplia muestra de jarrones, ropa, armas, joyas, libros, pinturas, objetos personales y herramientas de trabajo.
    Propone así un recorrido que va de la vida familiar en el hogar (con las distintas realidades entre hombres y mujeres) a la escuela coránica, del hammam a la notaría.
    Aquellos que todavía están atados a la idea del oasis como una mini área verde entre las dunas tienen la oportunidad de cambiar de opinión en el oasis de Tozeur, ubicado en una inmensa zona frondosa, ideal para ser visitada a pie o en bicicleta.
    Son 1.050 hectáreas arrancadas al desierto, con más de 400.000 palmeras datileras (cada año se producen entre 25.000 y 30.000 toneladas), pero también, entre otros, huertas de albaricoques, higueras, granados y bananeros.
    Más de 200 manantiales y pozos artesianos (con un caudal total de 700 litros por segundo) abastecen de agua al oasis, que es la principal fuente de trabajo e ingresos de la ciudad.
    El Oasis de Chebika, a 50 km de Tozeur, es uno de los tres oasis de montaña más famosos de Túnez, junto con Mides y Tamerza. Se origina en el Wadi Khanga que fluye desde las laderas sur de la cordillera Jebel en-Negueb.
    Allí se había desarrollado un antiguo asentamiento romano, luego un pueblo bereber, que después de la inundación de fines de la década del 60 fue abandonado por los habitantes, que se trasladaron río abajo.
    Se pueden visitar las casas de piedra y barro y recorrer los senderos entre palmeras y estanques hasta el nacimiento entre las rocas que crea una cascada.
    "Es uno de mis lugares favoritos de Túnez -explicó Jalel- por el contraste de colores, entre el verde de las palmeras y el ocre de las rocas, entre el desierto y el agua, entre el desierto y la vida".
    Otro de los sitios destacados es Douz, también llamada la puerta del Sahara. Es una pequeña ciudad construida alrededor de un oasis, al que se puede llegar a través de una avenida rodeada de eucaliptos. Allí aún viven los mrazig, una tribu de pastores nómadas, que también animan un gran mercado los jueves.
    Es uno de los principales puntos de partida para vivir la experiencia del desierto con viajes y excursiones (en el sur sólo hay dunas de arena hasta la frontera con Libia) y desde 1960 acoge en diciembre la Fiesta del Sáhara, a la que llegan tribus nómadas de varios territorios del norte de Africa.
    Son cuatro días para descubrir el arte local, incluyendo exposiciones, música, feria del libro y proyecciones.
    Otra curiosidad son las casas trogloditas de Matmata, pueblo bereber al sur de Túnez, caracterizado por paisajes lunares (fue otra de las localizaciones de Star Wars) y viviendas construidas excavando un gran foso central en la roca, en torno al cual se crearon los distintos ambientes.
    Nacidas como un refugio de las incursiones de los merodeadores y del calor del desierto, hoy son principalmente una atracción turística donde reciben a los visitantes miembros de la comunidad bereber (que no viven permanentemente en las estructuras, con la exclusión de una docena de familias).
    Allí ofrecen pan cocido en hornos exteriores de piedra acompañado de condimentos, aceitunas y frutas y, como bebida, el típico té de menta.
    Otro sitio interesante es Djerbahood, "museo" de arte callejero al aire libre creado en Erriadh, en la isla de Djerba.
    Nació en 2014 con un evento al que asistieron 150 artistas de 30 nacionalidades (se generaron más de 250 obras), organizado por Mehdi Ben Cheikh, director de la Galería de Arte Itinerante de París.
    La iniciativa, parte de la apuesta por la restauración arquitectónica de Erriadh, que conserva un patrimonio cultural judío y musulmán, regresa en 2022 animada por medio centenar de artistas entre los que se encuentran Swoon, Inti, Tinho, Elveed, Addfuel, Ardif, David de la Mano, Alexisdiaz y Shepard Fairey.
    "Túnez -explicó a ANSA Gaetano Stea, Product and Operations Director del grupo Nicolaus- responde muy bien al retorno del sentido y las ganas de viajar, incluso internacional, que estamos viviendo tras dos años de Covid".
    Es un destino del Mediterráneo "que atrae por su gran valor histórico y naturalista. Está a sólo dos horas de Italia y sigue siendo muy competitivo, también en costos", concluyó. (ANSA).
   

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