Lanzarote: belleza, más viñedos en lava volcánica

Recorrido por la senda artística de César Manrique

Postal de Lanzarote (Canarias): el Jardín de Cactus.
Postal de Lanzarote (Canarias): el Jardín de Cactus. (foto: Ansa)
10:27, 02 agoLANZAROTEPor Mónica Uriel

(ANSA) - LANZAROTE, 2 AGO - La isla canaria de Lanzarote ofrece al visitante un recorrido por la senda artística de César Manrique, creador de lugares de simbiosis perfecta entre arte y naturaleza, así como por viñedos en lava volcánica únicos en el mundo.
    Lanzarote era llamada la "isla púrpura", pues hasta mediados del siglo XVIII vivió del tinte de cochinilla procedente de las tuneras utilizado como colorante en yogures, salchichas o jarabes.
    Con la aparición de la anilina, en 1910, la cochinilla dejó de exportarse y Lanzarote empezó a vivir de la pesca primero y del turismo después, una vez se abrió la planta desalinizadora en 1965.
    Manrique (1919-1992), pintor, escultor y defensor del medio ambiente de Canarias, muestra en el Monumento del Campesino cómo se vivía en Lanzarote antes de la llegada del turismo a través de un recorrido por su arquitectura, artesanía y gastronomía tradicionales.
    El primer centro que realizó fue Jameos del Agua, para lo que utilizó un tubo volcánico dando lugar a un espacio de armonía entre la naturaleza y la creación artística, con una piscina de aguas turquesas y un original auditorio.
    Su última intervención en la isla, en 1991, fue el Jardín de Cactus, para el que aprovechó un volcán vaciado y creó un hogar, a modo de anfiteatro romano, para 4.500 ejemplares de 450 flores cactáceas de buena parte del mundo, en especial de México.
    Dentro del Parque nacional de Timanfaya, con vistas al volcán, el artista concibió un original restaurante con piedra volcánica, El Diablo, que aprovecha el calor natural de su suelo para hacer barbacoa.
    La erupción durante seis años, entre 1730 y 1736, del Timanfaya, la segunda más larga del mundo, destrozó la cuarta parte de la isla y dejó zonas con hasta 15 centímetros de ceniza. Aparecieron además una veintena de cráteres del centenar que hay en la isla, un paisaje lunar que se puede recorrer en la Ruta de los Volcanes.
    La erupción también cambió la agricultura: en la isla, que hasta entonces vivía del cereal, se volvieron a cultivar, esta vez en la lava, vides y frutales.
    Se descubrió que crecían más fértiles que antes, pues la ceniza volcánica hace de efecto de regadío al ser un suelo muy poroso.
    De esta forma surgió una viticultura única en chabocos, hoyos de entre 2,5 y 3 metros de diámetro y una altura de 4 para proteger a la vid de los vientos y con muretes de piedra alrededor.
    La variedad de Lanzarote por excelencia es la Malvasía volcánica, llegada a la isla desde Madeira en el siglo XVI. El rendimiento de las viñas es muy bajo, todas las labores son manuales y hasta la llegada del motor se vendimiaba en dromedario.
    El vino de Lanzarote vive un boom: en los últimos cuatro años se duplicó el número de bodegas y actualmente hay una veintena en la Denominación de Origen.
    La mitad están en La Geria, la conocida como carretera del vino, como la bodega El Grifo, la más antigua de Canarias, que elabora vinos desde 1.775, Los Bermejos, La Geria y Rubicón.
    (ANSA).
   

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