Mata 37 personas, 27 de ellas niños

Era un ex policía que atacó una guardería. Se suicidó.

12:34, 06 octBANGKOKRedacción ANSA
(ANSA) - BANGKOK, 06 OTT - Una masacre sin sentido, que arremete contra angelitos indefensos en un lugar de alegría: 37 personas murieron, entre ellos 24 niños, en el ataque a una guardería perpetrado hoy en Tailandia por un ex policía recientemente despedido por uso y tráfico de metanfetaminas, que finalmente se suicidó.
    Una tragedia que llega dos años después de otra masacre en la 'Tierra de las Sonrisas', entonces a manos de un militar, y que vuelve a poner en el debate la amplia disponibilidad de drogas y armas baratas en Tailandia.
    El asesino, Panya Kamrab, de 34 años, primero mató a dos adultos en un centro administrativo provincial y luego irrumpió en una pequeña guardería en la aldea de Uthaisawan Na Klang en la provincia norteña de Nong Bua Lamphu poco después de la hora del almuerzo.
    Con una pistola 9 mm y un cuchillo, mató allí a 24 personas, incluidos 22 niños (19 niños y tres niñas, algunos de apenas dos años) y dos maestras, una de ellas embarazada de ocho meses.
    Otras siete personas, incluido un niño, murieron en la huida. El ex agente luego se quitó la vida en su casa, donde también mató a su esposa, a su hijastro de cuatro años y a otros dos adultos.
    Según la policía local, Panya fue al jardín de infantes en busca del niño nacido de una relación anterior de su esposa. Al no encontrarlo, habría comenzado a disparar y apuñalar a los presentes.
    Para los niños era hora de descansar: en unas crueles imágenes filtradas en las redes sociales, se nota que las pequeñas víctimas están tiradas sobre colchonetas en el piso, donde descansaban.
    Y el número de víctimas podría haber sido aún mayor si no hubiera sido un día de fuertes lluvias, lo que convenció a algunas familias de mantener a sus hijos en casa.
    Aún no está claro qué hizo que el asesino perdiera la cabeza.
    Sin embargo, es muy probable que haya sido su despido, decidido luego de que fuera arrestado por vender metanfetaminas. Había debido presentarse en los tribunales poco antes de irrumpir en la guardería, ante el inminente inicio del juicio.
    La masacre conmocionó a un país donde, dada la habitual ausencia de violencia, los estándares de seguridad son muy relajados, especialmente en una provincia como Nong Bua Lamphu, una de las zonas rurales más pobres de Tailandia.
    La dinámica recuerda el tiroteo en una base militar y un centro comercial en el noreste del país, en febrero de 2020, cuando un soldado, también allí con un deseo de venganza por un presunto error en el trabajo, mató a 29 personas e hirió a otras 58.
    Es inevitable vincular la tragedia de hoy con la abundancia y el fácil acceso de metanfetaminas y armas de fuego en Tailandia. Las pastillas de "ya baa" (droga local) son consumidas regularmente por quienes tienen turnos extenuantes para ganarse la vida, lo que, en un país con desigualdades muy altas, significa una gran parte de la población.
    Y en gran contraste con la imagen de 'Tierra de las sonrisas", Tailandia es el segundo país del sudeste asiático por el número de muertes en tiroteos, incluso más que Estados Unidos. Se ha estimado que hay 15 armas en circulación por cada 100 tailandeses, el 60 por ciento en posesión ilegal.
    El arma del asesino de la guardería estaba debidamente registrada, dijo la policía, pero el problema persiste. Armas y drogas fácilmente disponibles, hombres con egos frágiles: una mezcla letal, que hoy ha destruido decenas de familias donde los niños crecían felices. (ANSA).
   

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