A 60 años del juicio a Adolf Eichmann

"La banalidad del mal" reaparece para evitar el olvido

Adolf Eichmann durante su juicio en Jerusalém
Adolf Eichmann durante su juicio en Jerusalém (foto: ANSA)
18:18, 08 abrTEL AVIVRedacción ANSA

(ANSA) - TEL AVIV, 08 APR - Adolf Eichmann, al reparo de una jaula de vidrio, en una sala expresamente equipada, del Auditorium "Beit Haam", en Jersulaén, escuchó el 11 de abril de 1961, 60 años atrás, 15 precisos cargos en su contra, entre ellos, crímenes contra el pueblo judío, contra la humanidad y de guerra, todos perpetrados durante el régimen nazi.
    Eichmann, vestido como un empleado, escuchó casi impasible, extraño a todo esto, y con el convencimiento de que solo cumplió con su deber de soldado en guerra como teniente coronel de las SS.
    Lo había repetido su defensor, el abogado alemán Robert Servatius. Pero no era así: aquel hombre ahora gris e intimidado fue -y lo sabía bien- coordinador y responsable de la máquina de las deportaciones masivas. Un contador de la muerte que había causado la muerte de 6 millones de judíos durante la Shoah. Los mismos que el letrado del Estado de Israel, Gideon Hausner, evocó como testimonios mudos de la parte acusadora.
    La banalidad del mal -como lo definió la filósofa Hannah Arendt en un famoso reportaje del proceso- estaba aún fijo con el pensamiento en la noche de mayo del año anterior, cuando se llamaba Ricardo Klement y estaba volviendo a su casa del trabajo. En la calle Garibaldi -periferia golpeada de Buenos Aires, en Argentina- a pocos pasos de su vivienda un desconocido lo detuvo con un inocente "Un momento señor".
    Y luego, junto a otros, lo inmovilizó y arrastró con fuerza a un auto. Fue solo en aquel instante, antes de ser sedado, que Klement-Eichmann comprendió que la historia le estaba pasando factura.
    Y la historia se presentó en calidad de un legendario grupo del Mossad, el servicio secreto israelí, que lo había descubierto, capturado y llevado a la otra parte del océano, a Jerusalén, en una memorable operación secreta. Cuando el padre de la patria, Gen Gurion, dio la noticia en la Knesset, una estampida se difundió por todo Israel. En las calles del nuevo Estado -su Estado- hombres y mujeres con números tatuados en el brazo silenciaron: el inmediato orgullo se mezcló con un dolor indescriptible.
    En la sala de Jerusalén -como mostraron las imágenes del proceso- muchos de ellos volvieron a ver, y revivieron, escenas terribles, alguno se desmayó, algunos lloraron sin parar, otros no pudieron mirar a la cara a aquel hombre del otro lado de la jaula de vidrio.
    Eichmann, luego de 56 días de proceso, fue hallado culpable y condenado a muerte por todos los cargos que se le imputaron.
    Un año después, en los primeros minutos del 1 de junio de 1962 -rechazados apelaciones y pedidos de gracia por parte de la esposa Vera- el contador de la muerte fue ahorcado: la única pena capital jamás realizada hasta hoy en Israel.
    Sus cenizas fueron arrojadas al mar más allá de las aguas territoriales israelíes. (ANSA).
   

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