El fútbol herido de muerte

Otra víctima fatal que lamentar en los estadios argentinos

El fútbol argentino vuelve a vestirse de luto (foto: Ansa)
13:02, 07 octBUENOS AIREs Redacción ANSA

    (ANSA) - BUENOS AIRES 7 OCT - "A mi hermano lo mató la represión policial", afirmó Sergio Regueiro, hermano de César Regueiro, última víctima de un fútbol argentino tras los graves incidentes ocurridos en un partido que Gimnasia y Esgrima La Plata disputaba de local frente a Boca Jrs el jueves por la noche.
    Un duelo clave en la lucha por el título de la Liga Profesional que debió suspenderse a los nueve minutos, cuando los gases lanzados por la policía en las adyacencias del estadio Juan Carmelo Zerillo contra los aficionados que pugnaban por ingresar invadieron el campo de juego y provocaron una escena dantesca afectando tanto al público como a los protagonistas del duelo.
    "Es difícil hablar en un momento así. Esto no pasa por el fútbol, estamos hablando de la vida", resumió Franco Soldano, delantero del equipo comandado por Néstor Gorosito, quien al igual que su colega Hugo Ibarra, entrenador "xeneize", sufrió en carne propia los efectos de los gases lacrimógenos.
    "Tenía a mi esposa embarazada de nueve meses en la platea y a mi hermana, que venía por primera vez a la cancha con su hija de cuatro meses", explicó Soldano, al relatar la sensación de desesperación que generó la situación de caos en las gradas del estadio, con miles de aficionados pugnaban por escapar de los gases sin poder abandonar el recinto debido a que la mayoría de los ingresos se encontraban cerrados.
    Una combinación letal, la de una policía reprimiendo indiscriminadamente a una multitud que intentaba huir de la escena sin posibilidades de escapar, que remonta a lo ocurrido hace menos de una semana en Indonesia, donde también un partido de fútbol se saldó con 131 víctimas fatales y cientos de heridos en la ciudad de Malang.
    Entre las víctimas de aquella tragedia hubo 33 niños en un estadio desbordado en su capacidad, situación que algunos intentaron atribuir también a lo ocurrido en Argentina.
    "Pasó lo que pasa siempre: Venden entradas de más y después tenemos que hacernos cargo nosotros de semejante irresponsabilidad", acusó el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, al apuntar contra la dirigencia de Gimnasia.
    "La responsabilidad es de los organizadores", reiteró Berni, intentando justificar el accionar de la policía provincial, pero anticipando que se realizará "una investigación para saber qué fue exactamente lo que pasó", mientras que el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, apuntó en sentido contrario al destacar que "la policía no fue capaz de brindarle seguridad a quienes asistieron al partido".
    Kicillof confirmó el desplazamiento del comisario Juan Gorbarán, a cargo del operativo policial, destacó que será la justicia "la que determinará las responsabilidades por lo ocurrido" y prometió ser "estricto con las sanciones a quienes no hayan cumplido con su deber".
    En la mira quedó un oficial de la policía que disparó a quemarropa contra un camarógrafo que cubría los incidentes, que fue filmado mientras lo atacaba sin razón alguna y que, según anticipó Berni, también será separado de la fuerza.
    Sergio Regueiro no dudó en apuntar contra la policía como responsable de la muerte de su hermano, un fanático de Gimnasia de 57 años que falleció de un infarto mientras era trasladado hacia un hospital de la zona.
    "Lo dejaron tirado como un perro", afirmó César, hijo del fallecido que no sufría de problemas cardíacos, según afirmó su hermano al quebrarse mientras dialogaba con la prensa y apuntaba a una interna policial como origen de los desmanes.
    El presidente de Gimnasia y Esgrima, Gabriel Pellegrino, desmintió a Berni al asegurar que el club no sobrevendió entradas y explicó que fueron 3254 las que se expendieron sobre un total de 4300 disponibles para los aficionados que no son socios del club, que se presentó como querellante en la causa.
    "Es la policía la que determina cuánto se puede vender y la que ordenó cerrar las puertas del estadio. No fuimos nosotros los que dimos la orden", afirmó Pellegrino al destacar que "había gente con carnet y entrada en la mano que quería ingresar cuando estallaron los incidentes y en la platea quedaban lugares vacíos".
    Las declaraciones de Pellegrino contrastan con la de Eduardo Aparicio, titular de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide), según el cual el estadio estaba "colmado al tope de su capacidad, mientras que en las adyacencias había cerca de 10 mil personas" pugnando por ingresar, cifra desmentida por varios de los cronistas que cubrían el partido.
    Los desmanes se prolongaron por cerca de una hora, al igual que los disparos, con aficionados enfrentándose a la policía en su intento desesperado por escapar de los gases con los portones de acceso cerrados y gente que tras destrozar el alambrado perimetral y algunas rejas logró "refugiarse" en medio del campo de juego mientras los futbolistas intentaban ponerse a salvo en los vestuarios.
    La sala de primeros auxilios del estadio se vio desbordada en una situación dantesca en la que muchos niños se vieron separados de sus familiares, que los buscaban desesperadamente en medio de la confusión reinante, mientras otros caminaban sin rumbo fijo con los ojos irritados por efecto de los gases.
    El parte médico oficial indica que los ocho heridos "se recuperaron favorablemente durante el transcurso de la madrugada" por lo que fueron dados de alta, a excepción de una que presentaba una herida en el maxilar y permanecía en observación, pero fuera de peligro, mientras que la policía liberó el viernes por la mañana los 47 detenidos.
    Regueiro, que era asiduo seguidor de Gimnasia y Esgrima y soñaba como tantos con verlo campeón en primera división por primera vez en la historia, no tuvo la misma suerte.
    Su nombre engrosa la lista de víctimas de violencia en el fútbol argentino, la número 346 según cifras de la organización "Salvemosalfútbol".
    Pasó más de un siglo desde que el fútbol argentino tuvo que lamentar la primera muerte el 30 de julio de 1922 en el estadio de Sportivo Barracas, donde un menor de edad cayó de una tribuna improvisada, y son cinco las contabilizadas sólo este año.
    El fútbol vuelve a vestirse de luto con la muerte de Regueiro y la pelota sí se mancha, a contrapelo de lo que alguna vez afirmara el recordado ex campeón mundial Diego Maradona, fallecido el 25 de noviembre de 2020 y quien encarnó en sus últimos años y como entrenador del equipo "tripero" ese sueño de los fanáticos de Gimnasia de gritar campeón. (ANSA).
   

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