El show de los pingüinos de Penacho Amarillo

Una colonia vive en una remota isla del Atlántico Sur

Pingüinos de Penacho Amarillo en la Patagonia argentina (foto: Ansa)
15:54, 11 dicBUENOS AIRESPor Graciela Cutuli

(ANSA) - BUENOS AIRES, 11 DIC - Los pingüinos de Penacho Amarillo, la especie que se hizo famosa en el film de animación Happy Feet, ya reinan sobre la Isla Pingüino, el Parque Interjurisdiccional Marino que protege la colonia de la especie apostada sobre un pequeño archipiélago del Atlántico Sur, frente a las costas de la ciudad santacruceña de Puerto Deseado.
    La especie comparte el hábitat con los pingüinos de Magallanes, de característico plumaje blanco y negro, y numerosas aves marinas que sobrevuelan estas costas ventosas, así como colonias de lobos marinos. Se llega a Isla Pingüino después de unos 40 minutos de navegación a mar abierto desde Puerto Deseado, durante los cuales se pueden avistar islitas con colonias de lobos marinos. Pero la gran aventura es apenas se pone un pie en este Parque Nacional creado en 2012 con la tarea de proteger también todo lo que vive por debajo y por sobre las aguas. Si se aprueba en el parlamento argentino, donde ya avanzó a una media sanción en Diputados, pronto se le sumarán otras dos reservas marinas en el Atlántico Sur, Yaganes y Namuncurá-Banco Burdwood. "Puerto Deseado es un lugar bendecido por la naturaleza. La colonia de pingüinos de Penacho Amarillo es la más accesible de la costa patagónica, es el sueño de turistas de todo el mundo", explicó a ANSA Mónica Quintoman, subsecretaria de Turismo de Puerto Deseado. "Pero también la Ría Deseado es atractiva por su fauna y sus paisajes, con cañadones formados hace 160 millones de años que le sirven de resguardo, donde se avistan además de pingüinos toninas overas, cormoranes grises, ostreros, petreles, lobos marinos... en una excursión de dos horas y media se puede ver todo concentrado en el mismo lugar", agregó.
    El territorio de la Isla Pingüino es tan atractivo como desolado. Solo queda un pie un faro de la época en que la isla era ocupada para la captura de los lobos marinos, hoy una especie protegida: todo lo demás es naturaleza, roca rojiza y arbustos dispersos que se levantan sobre un mar asombrosamente azul.
    Apenas empieza la caminata se pueden ver los primeros pingüinos de Magallanes, que en esta época del año ya tienen a sus pequeñas crías fuera del cascarón. Pero cuando se atraviesa una porción más elevada de la isla se llega al espectáculo más buscado: allí, compartiendo hábitat con numerosos ostreros negros, gaviotines y otras aves, aparece la numerosa colonia de pingüinos de Penacho Amarillo.
    Y pronto se entiende también por qué se los conoce como "pingüinos roqueros" o "rockhopper penguin": es que para desplazarse de roca en roca por el terreno irregular de la isla no caminan ni se arrastran, sino que dan constantes saltitos. Permiten mucho la aproximación de los visitantes -con quienes son menos agresivos que entre ellos mismos- pero es preciso tener la precaución de no tocarlos en absoluto, porque se causaría el abandono de sus crías, además del riesgo de recibir un picotazo.
    "Los pingüinos de Penacho Amarillo se quedan en el barranco marino la mayor parte del tiempo hasta mediados de marzo, y son leales a su pareja hasta la muerte. Aunque el momento en que llegan, como lo hacen por separado, se vuelve un caos: para reconocerse, lo hacen con su típico canto", explica Roxana Goronas, guía en la Isla Pingüino.
    Luego llega el período de incubación, durante el cual "machos y hembras se turnan para cuidar el huevo, que generalmente es el segundo porque el primero lo dejan morir o comer por los skúas, aves rapaces que también habitan en la isla".
    Es entonces cuando resulta común verlos, inmóviles largo tiempo, mientras el pingüino que no está a cargo del huevo parte en busca de alimento al mar.
    Al final del día llega la hora de emprender el regreso hacia Puerto Deseado, pero para hacerlo hay que tratar de escapar de los audaces skúas.
    Estas aves no dudan en abalanzarse sobre la gente si sienten que sus nidos son amenazados. ¿La solución? Levantar los brazos, o el bastón de los guías, para aumentar en altura a sus ojos y conseguir protección.
    Pero aunque la visita a la Isla Pingüino termine, en Puerto Deseado hay mucho más para asombrarse con la naturaleza: empezando por la Ría Deseado de turquesas aguas, que se recorre en embarcaciones al pie de los acantilados parando en pequeñas islitas habitadas por pingüinos de Magallanes y junto a altas paredes rocosas donde anidan los cormoranes.
    Y finalmente siguiendo con los Miradores de Darwin, un lugar célebre por los escritos del naturalista inglés, que quedó asombrado con la belleza y desolación de la región. Se trata de dos pináculos de roca que se alzan al fin de la ría, en un territorio desierto cerca del cual hay aleros con pinturas rupestres, y que hoy se puede conocer en visitas que recrean el tiempo en que acampó Darwin.
    (ANSA).
   

Todos los Derechos Reservados. © Copyright ANSA

archivado en