Futuro es sentirse hermanos y no querer dominar

El papa Francisco durante la audiencia general
El papa Francisco durante la audiencia general (foto: EPA)
12:19, 13 eneCIUDAD DEL VATICANORedacción ANSA

(ANSA) - CIUDAD DEL VATICANO, 13 GEN - El papa Francisco sostuvo hoy que "en el futuro del mundo y en la esperanza de la Iglesia están los 'pequeños': los que no se consideran mejores que los demás, que son conscientes de sus propios límites y de sus pecados, que no quieren dominar a los otros, que, en Dios Padre, se reconocen hermanos".
    En la audiencia general, dedicada a la "Plegaria de la alabanza", transmitida en directo desde la biblioteca del palacio apostólico, el pontífice explicó que "Jesús alaba al Padre porque prefiere a los pequeños".
    "Es lo que él mismo experimente, predicando en los pueblos: los 'doctos' y los 'sabios' permanecen desconfiados y cerrados, haciendo cálculos, mientras que los 'pequeños' se abren y aceptan el mensaje. Esto no puede ser otra cosa que voluntad del Padre, y Jesús se alegra", detalló.
    Indicó que "también nosotros debemos alegrarnos y alabar a Dios porque las personas humildes y simples acogen el evangelio".
    Y recordó que cuando ve "a la gente simple, humilde, que asiste a los peregrinajes, que va a rezar, que canta y alaba", comprende que "a estas personas le faltan muchas cosas, pero incluso eso los lleva a alabar a a Dios".
    Según Jorge Bergoglio, además, "existe una gran enseñanza en aquella plegaria que desde hace ocho siglos jamás dejó de palpitar, que San Francisco compuso al final de su vida: el 'Cántico del hermano sol' o 'de las criaturas'".
    "El pobrecito no lo compuso en un momento de alegría, de bienestar, sino por el contrario, en medio de las penurias.
    Francisco estaba casi ciego, y advirtió en su ánimo el peso de una soledad que jamás había experimentado antes: el mundo no cambió desde que empezó a predicar, todavía había quien se dejaba destrozar por los litigios y además siente que se acercan los pasos de la muerte", recordó.
    "Podría ser el momento de la desilusión, de una desilusión extrema, y de la percepción del propio fracaso -reconoció el Papa-. Pero Francisco, en aquel instante de tristeza, de oscuridad, rezó 'Alabado seas, mi Señor...'. Rezó alabando, y también por la muerte, a la que con coraje llegó a llamar 'hermana', la hermana muerte".
    "Los santos y las santas nos demuestran que se puede alabar siempre, en la buena y en la mala suerte. La alabanza purifica siempre", concluyó. (ANSA).
   

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