"Rezábamos y se desató el infierno"

El testimonio de los sobrevivientes

La matanza de Christchurch (foto: ANSA)
17:10, 15 marSIDNEYRedacción ANSA

(ANSA) - SIDNEY, 15 MAR - "Dios mío, te ruego, haz que se le terminen las municiones". Expuesto, impotente e inerme, buscando no llamar la atención durante minutos interminables, Ramzan Ali solo podía esperar. Esperar y esperar.
    En esos infernales minutos, como testigo de la matanza de la mezquita de Al Noor de Hagley Park, la primera atacada por Brenton Tarrant, estaba recostado bajo una banca, con las piernas que sobresalían por uno de los ángulos de la gran sala de la mezquita donde se atrincheraron los fieles aterrorizados y sobre los cuales el terrorista jugó al tiro al blanco.
    Debajo de esa banca, alzando apenas la mirada, Ali vio a su primo herido en una pierna y a otro hombre muerto. La sangre brotaba a su lado y los disparos lo rozaban por todas partes.
    Cuando el terrorista supremacista entró en acción, comenzaba la plegaria de los Viernes: El silencio cubría todo, de manera "pacífica, tranquila y silenciosa", dijo otro testigo, Ramzan.
    "Cuando comienzan los sermones, puedes escuchar si un alfiler se cae al suelo". Entonces, de repente, se desató una explosión de violencia.
    "Escuchamos los disparos y los gritos de la gente presa del pánico", recordó Nour Tavis. "Pensé: como hago para salir de aquí!.
    En ese entonces Tavos vio a una persona que abría una ventana y escapaba al exterior. "Era la única vía de escape. Lo seguí y logré también yo ponerle a resguardo".
    Tavis corrió, saltó una cerca de un metro y medio y llamó a la puerta de una casa cercana. Le abrieron y lo dejaron entrar.
    Su cara triste fue retomada por los medios de comunicación de Nueva Zelanda. Está a salvo. Luego regresó, y vio a la gente tendida en la tierra muerta, herida. "Había personas que se estaban desangrando, muriendo. Fue terrible", dijo cuando aún no sabía que en la masacre perdió a su esposa.
    Mahmood Nazeer también logró escapar de la trampa de la mezquita. Cuando oyó disparos, se dio cuenta de que tenía pocos instantes para escapar: entonces salió por una puerta secundaria y se escondió debajo de uno de los autos en el estacionamiento.
    Cuando los disparos terminaron se colocó detrás de una cerca: "Vi a un hombre que cambiaba un arma y tomaba otra donde había estacionado, en la avenida junto a la mezquita".
    Al igual que él, varios otros entendieron inmediatamente lo que estaba sucediendo y lograron ponerse a salvo en el estacionamiento. Pero las cosas fueron muy diferentes para Ranzan Ali, de 62 años, de Fiji, el hombre que estaba atrapado dentro. El terrorista "entró y comenzó a disparar. No lo vi directamente", porque al no tener tiempo ni espacio para escapar, solo tuvo la opción de acostarse debajo del banco. "Estaba allí y pensaba:" Si me levanto, me matará. Pero la sangre me salpicó. Y pensé: "Oh, Dios mío, ¿qué me está pasando ahora? Afortunadamente todavía estoy vivo, pero ¿por cuánto tiempo?" "Vi gente corriendo hacia la puerta más cercana", continúa Ali.
    Sacar de allí a 300 personas no fue fácil, porque el atacante había entrado por la puerta principal y solo hay dos puertas más a cada lado de la mezquita. Mientras tanto, Tarrant disparaba innumerables veces, recargaba, disparaba y luego salió de la habitación, disparó nuevamente, recargó y regresó. "Tarde o temprano los disparos deben terminar, pensé, y oré: 'Oh Dios mío, por favor, que terminen los tiros'". Mientras tanto, "un tipo que estaba sentado allí me dice que no me mueva". Pero el asesino lo ve moverse: "Poco después, el asesino lo mata, disparándole directamente en el pecho". "Mi primo, que estaba sentado a mi lado, recibió una bala en la pierna". El asesino disparó entonces repetidamente contra los cuerpos amontonados, para que nadie pudiera escapar. Pero al final, Ali sobrevivió, ileso: "Fui el último hombre en salir con vida.
    Puedo decir que fui un milagro. Tuve suerte, Dios me ayudó".
    (ANSA).
   

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