El Jardín Encantado de Pompeya

Un santuario hogareño de gran gusto artístico vuelve a la vida

Renace la casa del Jardín Encantado en Pompeya (foto: ANSA)
09:57, 06 octPOMPEYASilvia Lambertucci

   (ANSA) - POMPEYA, 5 OCT - Otro descubrimiento increíble, "un lugar único y enigmático" resurge de las inagotables ruinas de Pompeya: el "Jardín Encantado", un gran santuario para el culto de los Lares, visitado en exclusiva por ANSA, con arqueólogos y restauradores aún trabajando en las paredes milenarias, en el último tesoro devuelto por las cenizas del Vesubio. Una construcción custodiada por un par de sinuosas serpientes, un pavo real solitario que se asoma en el verde, bestias doradas que luchan con un jabalí negro y feo, como los males del mundo. Y luego, de nuevo, cielos relucientes donde emprenden vuelo aves delicadas, un pozo, un gran estanque colorido y el retrato de un hombre con cabeza de perro.
    Así un pequeño, extraordinario, jardín encantado emergió increíblemente intacto del manto solidificado de piedra pómez y cenizas que lo había enterrado hace casi dos mil años, en el año 79 después de Cristo, con deslumbrantes colores, con figuras tan hermosas que casi parecen vivas en un juego continuo entre ilusión y realidad. "Un lugar maravilloso y enigmático que ahora habrá que estudiar en profundidad", destacó el director del Parque Arqueológico de las ruinas de Pompeya, Massimo Osanna.
    La presencia del majestuoso "Lararium", el más grande jamás descubierto en Pompeya, ofrece la certeza de que este jardín, que en ese momento estaba cubierto en parte por aleros, era un lugar precisamente dedicado al culto de los Lares, las insustituibles deidades domésticas protectoras de la casa y sus habitantes en el mundo romano de entonces. Bajo la edificación, los arqueólogos también encontraron intacta una lámpara de bronce, que testimonia el refinado altar hogareño que estaba sobre la pared, con las ofrendas recién ofrecidas al fuego: una piña, dos huevos grandes, higos suculentos y dátiles dorados.
    El pequeño altar de terracota todavía está allí, descansando como hace casi dos mil años al pie de ese santuario, con los restos quemados de ofrendas realizadas, quién sabe, tal vez durante las dramáticas horas que precedieron a la llegada del furioso río de magma y desechos piroclásticos que se abatió sobre la ciudad. Sin embargo, sigue siendo un misterio quién era el propietario de esta casa, que se encuentra a pocos metros de otra rica vivienda, la de Marco Lucrecio Frontón, que ciertamente tuvo que ser grande y muy opulenta, como lo demuestran las numerosas habitaciones excavadas en el siglo XIX y hoy desafortunadamente despojadas de todo, con los muros pelados como esqueletos mudos del esplendor pasado.
    "Tal vez un rico comerciante, sin dudas una personalidad refinada y culta", especuló Osanna. Por cierto, un hombre capaz de pagar a los mejores trabajadores y encargar unas pinturas de jardín que no tenían igual en otras viviendas de la ciudad, incluso en ese período de la vida de Pompeya, el último en el cual Oriente estaba decididamente de moda y en las casas más ricas relucían triunfales las imágenes de frutas y animales exóticos.
    Todo esto se encuentra en el "Jardín Encantado", pero siempre, subrayó el arqueólogo, con alguna peculiaridad que hace de este sitio al aire libre un "lugar definitivamente único".
    Ahora podrían surgir nuevas sorpresas de la excavación de las habitaciones que daban a ese jardín, donde solo queda la reja de una ventana empastada de lava y desechos, el dramático recuerdo del desastre.
    Mientras tanto, los excavadores en el patio se movilizan emocionados por esa maravilla de colores, por esos animales fantásticos que parecen escurrirse hacia los ojos desde otra dimensión. "Verlos emerger de la costra de piedra pómez que fue retirada poco a poco también fue increíble para nosotros", dice uno de ellos, deteniendo su tarea por un momento.
    Mientras tanto, alrededor, apenas a un paso, los turistas como todos los días pululan por el sitio arqueológico, en este tramo de Pompeya que hoy se asemeja a una obra en construcción: con los trabajadores que cavan, montacargas que llevan montañas de tierra y piedra triturada, ingenieros y arquitectos que supervisan cada movimiento.
    "Todo para asegurar la ciudad milenaria", agregó Osanna.
    El descubrimiento de la Casa del Jardín Encantado, sonrió mirando en torno suyo, "es un tesoro inesperado que surge desde aquí. A veces es así, cuidar de la historia puede hacer milagros", concluyó.
    (ANSA).
   

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