Gigante derrumbado, herida en el corazón de Génova

Todavía hay 30 vehículos en el "cráter". Una región desolada

Rescatistas trabajan sin descanso
Rescatistas trabajan sin descanso (foto: ANSA)
18:36, 14 agoGENOVARedacción ANSA

(ANSA) - GENOVA, 14 AGO - Treinta metros de asfalto se plantaron, como un monolito prehistórico que de repente llovió del cielo, en medio del río Polcevera, que cruza la ciudad de Génova en sentido longitudinal.
    Cayeron y quedaron justo debajo del camión azul y verde de la cadena de supermercados Basko, que quedó de pie sobre la cinta asfáltica, al borde del abismo, a diez metros del punto que separa la vida de la muerte.
    Alrededor de ese impresionante montón de piedras dos excavadoras hunden ahora sus enormes palas entre los restos de tres camiones, uno de veinte metros, los otros arrugados como un acordeón. Es increíble pensar que entre ese amasijo de cemento, neumáticos y cables todavía pueda haber alguien con vida, pero es la esperanza de que así sea lo que impulsa a los socorristas que desde esta mañana no cesan de excavar. Y lo seguían haciendo esta noche.
    Génova se despertó hoy bajo una lluvia sostenida y compacta, que en estas zonas nunca lleva a buen puerto. Pero el rugido que a las 11:50 desgarró a la ciudad borró todo: la caída del puente Morandi acalló el rumor de los truenos; la bocina de los autos encolumnados en el tráfico, las miles de voces de una ciudad que ahora mira sin palabras la herida que se abrió en el vientre de Sampierdarena. A pocos centenares de metros, hacia el mar, está la zona de la fábrica de acero Italsider y, del otro, Bolzaneto. En el medio, el río Polcevera, el único torrente de Génova que no fue sepultado. Cuando llueve, no es él el que preocupa sino el río Fereggiano, o el Bisagno. "Jamás pensé que podía suceder algo así: un viaducto como este está construido para no caerse jamás, ni siquiera por un terremoto, cómo fue posible esto realmente no lo sé", dijo un bombero, Alessandro Campora, tras haber pasado seis horas excavando entre los escombros. El puente de Morandi tenía más de un kilómetro de largo, con tres pilares centrales de concreto reforzado para soportarlo: se derrumbaron más de doscientos, arrastrando también al pilar central.
    Al ver ahora las vigas de hormigón de dos metros de espesor rotas y derrumbadas, con barras de acero que brotan retorcidas, uno se pregunto cómo fue posible que se cayera. Sobre el lado derecho, el que pasa por las vías del ferrocarril, un pedazo entero de puente de 20 metros de largo se rompió y cayó sobre las vías y un edificio: allí se ve un cráter de 15 metros de profundidad donde hay al menos unos treinta vehículos destrozados. Todavía no se sabe cuántas personas están adentro. Los bomberos introdujeron sondas con cámaras para comprender cómo moverse. "Tal vez no comprendimos -dijo uno de ellos- que se debe ingresar allí con mazas para romper el concreto y excavadoras hidráulicas para cortar las varillas. Es un trabajo infernal". A 50 metros, del otro lado de las vías, están las casas de los habitantes de Sampierdarena que se salvaron milagrosamente.
    Son edificios de cuatro o cinco pisos donde viven centenares de personas. Marco es uno de aquellos que viven bajo el puente: alza la mirada y mira sobre él el trozo de cemento armado que quedó suspendido, aferrado a los tirantes de acero. "Parecía que se estaba derrumbando el mundo", sostuvo. Sobre el margen izquierdo del río Polcevera está el Business Innovation Center, un aglomerado de pequeñas empresas. Lo último que quedó en pie es la "Nuova neon Finetti": cuando el puente se derrumbó, por pocos metros el cemento no cayó sobre una de las empresas italianas más importantes, Ansaldo Energia, pero alcanzó los cobertizos de la "Fabbrica del Riciclo" y, sobre todo, al depósito de Amiu. Los cuerpos de dos empleados de la empresa ambiental comunal ya fueron recuperados pero los socorristas no excluyen que entre los restos de los camiones apretujados pueda haber algún otro. A la altura de aquellos cobertizos circulaban por el puente esta mañana Eugenio y Natasha cuando cayeron al vacío: están vivos de milagro.
    "Llovía muchísimo, no se veía nada y en cierto momento caíamos hacia abajo. No entendía nada", dijo la joven a los bomberos.
    Ellos le relataron con detalles lo sucedido: el auto se precipitó y quedó aplastado bajo un pedazo de cemento. Pero sobrevivieron.
    "Un automóvil quedó colgado de los cables de acero. Nos lanzamos desde lo alto y sacamos a un hombre que aún estaba vivo, si siquiera sé cómo fue posible", relató Bruno Guida, otro bombero.
    Cuando caía la noche, las potentes linternas fotoeléctricas de los bomberos iluminaban los escombros como si fuese pleno día. Excavarán toda la noche y también mañana.
    Cincuentra metros más arriba, en plena oscuridad, el camión azul y verde todavía está allí, a pocos pasos del límite entre la vida y la muerte. (ANSA).
   

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