Escritores descubrimos no nos gusta la soledad

Juan Carlos Méndez Guédez, solo muerte y yo por calle Madrid

Escritor venezolano Juan Carlos Méndez Gúedez
Escritor venezolano Juan Carlos Méndez Gúedez (foto: Ansa)
21:07, 16 sepLOS LLANOS DE ARIDANEPor Mónica Uriel

(ANSA) - LOS LLANOS DE ARIDANE, 16 SET - "A los escritores nos gusta la soledad, pero hemos descubierto con el confinamiento que no tanto", dijo hoy a ANSA el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, que acaba de publicar el libro de relatos amazónicos del rito de María Lionza "La diosa de agua".
    Una cosa, señaló, "es elegir la soledad y otra cuando te la impone la realidad".
    Méndez Guédez (Barquisimeto, Venezuela, 1967), quien vive desde hace 22 años en Madrid, recuerda cuando en el confinamiento caminó por una avenida de la capital española y "sentí mis pasos" y pensó: "Sólo la muerte y yo estamos caminando por esta calle". Ahora, estos días, se siente "eufórico" de ver a colegas y conversar con lectores en el tercer festival hispanoamericano de escritores, que se celebra hasta el sábado en Los Llanos de Aridane (La Palma, Canarias), junto a una treintena de escritores hispanoamericanos y españoles.
    Este festival "nos habla de que hay vida que se perdió pero que podremos recuperar".
    El certamen está organizado por el Ayuntamiento de los Llanos de Aridane e impulsado por la Cátedra Vargas Llosa, el gobierno de Canarias y el Cabildo Insular de La Palma.
    La pandemia nos hace ver que "la vida que tenemos se puede romper en unas horas" y "hay que admitir la fragilidad".
    Afirma que "si viene un maremoto no puedes decir que lo voy a vencer con el poder de mi mente. Es un acto de soberbia guerrera".
    Considera que "haría falta esa inteligencia natural de la diosa María Lionza, que dice que viene el maremoto y no te pongas enfrente".
    Es la diosa María Lionza a quien el escritor dedica el libro de cuentos "La diosa de agua" (Páginas de Espuma), publicado en febrero pasado en España.
    "De niño iba a las ceremonias de una religiosidad autóctona venezolana que tenía una diosa como deidad máxima", cuenta.
    Al empezar a investigar le pareció fascinante que "cientos de años antes de Cristo habían desaparecido las religiosidades donde la deidad máxima era una mujer y que un grupo de campesinos venezolanos del siglo XX se hayan reencontrado con una fuerza mágica tan arcaica".
    Para él era "natural que la diosa máxima fuera una mujer" pues fue cuidado por "22 mujeres. Entre mi madre, tías, madrinas, primas. Yo era el único hombre".
    Un escritor, sostiene, "debe asomarse a esos lugares que una sociedad no quiere mirar en sí mismo".
    En este caso, "ha habido desprecio hacia la figura de María Lionza porque congrega tres elementos que para algunos resultan perturbadores: su ruralidad, su asociación con la pobreza y el hecho de que fuese una figura femenina".
    Así, en estos relatos "invento y recreo las historias que escuché de pequeño", pues es "una religiosidad que era esencialmente oral y tenia muy poca escritura, lo que es un gran regalo para un escritor".
    Méndez Guédez quiso además rescatar a la diosa justamente cuando "un mundo patriarcal y machista está destruyendo la Naturaleza".
    Lo dice en referencia al hecho de que el gobierno venezolano "está destruyendo el Amazonas después de haber descubierto un contrabando de oro".
    Además de la Naturaleza, es la diosa de la fertilidad, el respeto a la vida, de las aguas, de las cosechas.
    "Es mestiza: blanca de ojos claros, pero con cuerpo de negra y cabellos de indígena. Es así porque así se la empezaron a imaginar en los años 50", dijo sobre María Lionza, que recibe culto en la montaña de Sorte, en el estado venezolano de Yaracuy. (ANSA).
   

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