Las huellas de Juana de Arco en Cannes

"Jeanne", de Bruno Dumont, se exhibe en Un Certain Regard

Fotograma de 'Jeanne', segunda parte del díptico sobre Juana de Arco, de Bruno Dumont (foto: Ansa)
15:38, 18 mayCANNESPor Francesco Gallo

   (ANSA) - CANNES, 18 MAY - El realizador francés Bruno Dumont vuelve al Festival de Cannes, con "Jeanne", el segundo capítulo del díptico sobre Juan de Arco, exhibido en la sección Un Certain Regard.
    En 2017 había presentado "Jeannette: la infancia de Juana de Arco", sobre los primeros años y la juventud de la Doncella de Orleans. La protagonista del film es Lise Leplat Prudhomme, quien ya había tenido una breve aparición en el capítulo anterior.
    Esta vez, de la Quinzaine des Réalisateurs, Bruno Dumont se trasladó a la segunda competencia del festival, Un Certain Regard y no se puede hablar de traición porque la selección oficial es un poco como su hogar con dos Grandes Premios ganados entre 1999 y 2006. Al ver "Jeanne" se tienen sensaciones encontradas, como esta previsto: el director no falla en sus preceptos de una actuación alienada y casi amateur.
    Además, utiliza la música para desmantelar las convenciones del cine y se burla de la reconstrucción histórica (el proceso que conducirá a la quema se lleva a cabo en una catedral de lujos barrocos).
    Por otra parte, no renuncia a los diálogos altisonantes de su texto de referencia, escrito por Charles Peguy, conciudadano de la Doncella, a principios del siglo XX. Y deja filtrar aquí y allá el fervoroso catolicismo del escritor, sin desmarcarse realmente de la sugestión que la pequeña Juana que afirmaba escuchar "voces" del más allá. El hecho es que Dumont siempre estuvo interesado en los desarraigados, los locos y los visionarios. Y su Juana no es una excepción; está extrañamente relacionada con los protagonistas de "La vie de Jesus" y "L'umanité" y, como ellos, está condenada al fuego eterno decretado por conformistas y conservadores.
    Por otra parte, con el paso del tiempo, el antiguo profesor de filosofía devenido en cineasta conquistó la ligereza, el sentido de la sonrisa, el encanto de la vida y la ilusión.
    Aquí los funde a manos llenas al leer los triunfos, el encarcelamiento y el juicio de Juana como el ascenso a la vida y la terrible experiencia de una joven que también creía firmemente en sus ideas y en su verdad.
    Y ni siquiera Dumont huye de la fascinación de esta utopía realizada, en nombre de la cual la joven se dejará quemar viva por no desmentirse. Por otra parte, el Papa, con solo un par de siglos de retraso, le dio la razón y absolviéndola de la acusación de herejía la beatificará.
    El otro punto de fuerza del film, presentado hoy en Un Certain Regard en una sala colmada y entre varios rostros conocidos del cine francés, es la deliberada distancia que el realizador sabe mantener respecto a las mil transposiciones cinematográficas del personaje, enfrentamiento que no teme y qeu aborda con una mirada posmoderna del relato y de los actores. La historia, de hecho, comienza en 1898 con una primera película sobre la quema de la doncella de Orleans. Luego se estrenaron grandes películas populares, desde la de Gustav Ucicky (1935), pasando por la de Víctor Fleming (1948) hasta la más reciente de Luc Besso (1999).
    Pero también se rodaron auténticas obras de arte del cine firmadas por Carl Theodor Dreyer, Roberto Rossellini y, en 1994, el célebre díptico de Jacques Rivette, con Sandrine Bonnaire en el rol de Juana de Arco. La gran fuerza del filme de Dumont reside en haber relatado una historia de niños, porque Juana era una soñadora en un despiadado mundo de adultos. (ANSA).
   

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