Guido Ceronetti, la fragilidad del pensar

Importante nihilista italiano, traductor de la Biblia a Celine

Guido Ceronetti, retratado en 1974
Guido Ceronetti, retratado en 1974 (foto: Ansa)
14:38, 13 sepROMAPor Paolo Petroni

(ANSA) - ROMA, 13 SET - El escritor, poeta, filósofo y dramaturgo italiano Guido Ceronetti, un lúcido observador nihilista de la realidad contemporánea, murió en Cetona, Toscana, a los 91 años de edad.
    Un destacado intelectual, además de estudioso y traductor de la Biblia y de otros autores consagrados. El deceso fue anunciado por la casa editora Adelphi, en la cual había publicado en 2017 la colección de aforismos y pensamientos "Messia" y este año "Odi" (Odas), una selección de sus traducciones de las odas de Ovidio.
    Ceronetti, nacido en Turín en 1927, sufría de broncopulmonitis y había cumplido años el 24 de agosto en el hospital donde estaba internado.
    Hasta el último título publicó libro tras libro en una prolífica trayectoria: "Intento trabajar para no sentirme un náufrago de la vejez", había dicho no hace mucho.
    Autor de decenas de obras, personaje que escapaba a cualquier clasificación predeterminada, obtuvo reconocimiento como un escritor metafísico, antimoderno, apocalíptico, ambientalista y vegetariano, todas etiquetas que siempre rechazó y consideró imprecisas, como enemigo declarado de los lugares comunes.
    Tradujo cinco libros de la Biblia (Salmos, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Libro de Job y Libro de Isaías) y también autores clásicos latinos, a los que amaba, comenzando por Horacio, Catulo y Marcial.
    Infatigable, también realizaba colaboraciones periodísticas siendo columnista del diario La Stampa de Turín desde 1972.
    Con su humor cáustico y su particular mirada sobre los hombres y las cosas, sobre la degradación y el destino perecedero, mantuvo un alto concepto de la literatura como operación salvadora, naturalmente negándolo y afirmando con su admirado Louis Ferdinand Céline y su amigo Emile Cioran que "el hombre es el cáncer de la Tierra".
    Por lo demás se consideraba un hombre del siglo XX y escribió en 2011 "Te saludo mi siglo cruel. Misterio y supervivencia del siglo XX" en el que refutaba la definición de "siglo breve, porque fue lo opuesto, largo por su crueldad, larguísimo en crímenes" y tomándose con todos aquellos que "queriendo terminar con la condición humana, pensaron mejorarla".
    Entre sus títulos más conocidos está "Viaggio in Italia", editado por primera vez por Einaudi en 1981 y vuelto a imprimir varias veces con el agregado de algunas notas, la última vez hace cuatro años, en la que se leían estas palabras: "Las sociedades humanas civilizadas, mírenlas, no son más que reuniones mantenidas juntas por el miedo y las coerciones".
    Fue a su modo un reportaje humano, mirando a su alrededor, naturaleza, ciudades, monumentos y personas, desde Trieste hasta Palermo, para denunciar la degradación: "El campo de batalla entre el Bien y el Mal está en todas partes, donde haya un hombre capaz de pensar: en Italia su disputa siempre involucró a la belleza, la tuvo como suprema moderadora y hoy como víctima".
    En el fondo toda su obra terminó siendo una suerte de denuncia, a veces directa, otras veces implícita, de una Tierra y unos hombres que se autodestruyen matando a la belleza, que es la única "ayuda para la capacidad de pensar al mundo".
    Muchos de los textos de Ceronetti son compilaciones de artículos, pensamientos, aforismos, anotaciones, reflexiones sobre todo, desde la crónica diaria hasta un hombre de la política, desde una obra de arte hasta un libro o un escritor. Entre sus creadores más admirados enumeraba a Sófocles, Dante, William Shakespeare, Céline, Fiodor Dostoievsky, Torcuato Tasso, Konstantinos Kavafis y los poetas latinos clásicos, así como siempre a la Biblia, que lo llevó a estudiar hebreo para poder traducirla e interpretarla. Otra de sus grandes pasiones fue el teatro, que lo llevó en 1970 a dar vida a su "Teatro de los Sensibles" del cual fue autor, director y actor, ayudado por su esposa Enrica Tedeschi, atrayendo desde espectadores comunes hasta figuras como Luis Buñuel, Federico Fellini, Eugenio Montale y Natalia Ginzburg.
    Un teatro que volvió público e itinerante en 1985: "Me sentí llamado por la calle, como un organillero ambulante, con más de sesenta años, y luego como artista callejero, con números de mi inventiva, con setenta", escribió con autoironía a propósito de esos años de gira con sus muñecos y marionetas "ideóforas", portadoras de una idea al representar un personaje.
    Con su carácter, con aquel aire indefenso pero afilado, incapaz de retroceder, recibió también a veces pesadas críticas, como la de "racista" por ciertos escritos sobre la sociedad meridional italiana y la inmigración o por mostrar piedad por el genocida nazi Erich Priebke en 1999, condenado por la masacre de las Fosas Ardeatinas. Sus textos, editados e inéditos, están conservados en Lugano, Suiza, donde el Archivo Prezzolini creó el Fondo Ceronetti, por lo que aceptó que aquellos preciados papeles se fueran al extranjero dadas sus necesidades de subsistencia pese a su austero estilo de vida.
    El largo listado de sus obras destacadas sería interminable, desde "Defensa de la Luna" (1972) hasta "Regie immaginarie", publicado este mismo año junto las "Odas" horacianas.
    Una de las más completas antologías de sus publicaciones hasta el año 2000 estuvo a cargo de Manuela Muratori, bajo el título "La fragilidad del pensar", que tan certeramente lo definió.
    El tiempo dirá cuáles de sus obras perdurarán y cuáles no, cuando ya no se recuerde más a Ceronetti por su extravagancia y su aura de observador implacable al borde del desastre. (ANSA).
   

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