Maria Callas, un mito a 40 años de su muerte

Sigue siendo considerada la mayor cantante del siglo XX

La soprano Maria Callas.
La soprano Maria Callas. (foto: ANSA)
19:06, 13 sepROMARedacción ANSA

(ANSA) - ROMA, 13 SET - Maria Callas es el único personaje del mundo de la lírica que se transformó realmente en mito y a 40 años de su muerte, el 16 de septiembre de 1977, los admiradores de su voz siguen considerándola la cantante más grande del siglo XX.
    No solo por sus calidades de intérprete y actriz, sino también por su existencia atormentada y pasional, que la convirtió en un personaje popular en la prensa del corazón, especialmente en los años de su único, gran y complicado amor por el mítico millonario Aristóteles Onassis.
    También su muerte, envuelta en el misterio de un hipotético suicidio, contribuye al mito de Maria Callas junto a grabaciones -ya de culto- que aún restituyen en gran parte su timbre personal y vibrante, el color, potencia, notable extensión e intensidad dramática de su voz.
    Son las características que la definieron como "divina" desde los años de sus comienzos y primeros éxitos en la Grecia de los años 40, adonde la madre la había llevado nuevamente tras separarse de su padre. Una madre que le hizo estudiar música y, al darse cuenta de su talento, canto.
    "Su voz no tenía límites -recordó Franco Zeffirelli, con quien trabajó varias veces-, era al mismo tiempo soprano, mezzosprano y contralto, y tuvo el genio de transformar este defecto en virtud, capaz de sorprender como si llegara de otro planeta".
    Cecilia Sophia Anna Maria Kalogeropoulos, tal su verdadero nombre, había nacido en Nueva York -adonde había emigrado su familia- el 2 de diciembre de 1923.
    Allí volvería de grande, y para pagarse los estudios trabajó de baby-sitter en casa de un amigo de Toscanini, que la conoció y le hizo tener su primer papel en la Arena de Verona para "La Gioconda" de Ponchielli en 1947.
    Allí nació la relación con el industrial Battista Meneghini, que sería su marido y manager mientras su carrera estallaba en Florencia, al año siguiente, con la "Norma" de Bellini, que luego interpretaría más de 90 veces.
    El aria "Casta diva" será por su siempre "su" aria, gracias al saber conjugar agilidad y virtuosismo del belcanto con su voz oscura y densa. En 1949 fue el triunfo en los "Puritanos" de Bellini en La Fenice, gracias a un imprevisto reemplazo, para llegar aclamada a La Scala en 1951 con "I vespri siciliani" de Verdi y en 1956 al Metropolitan con "Norma", creando poco a poco su repertorio con "Lucia di Lamermoor", "Tosca", "Madama Butterfly", "Anna Bolena", "La Vestale", "Macbeth" y "Medea".
    Precisamente por su talento actoral trabajó y fue muy amada por directores como Serafin, Karajan, Giulini o Pretre, y grandes realizadores como Luchino Visconti en teatro o Pier Paolo Pasolini en cine.
    Sin embargo, su fama de mujer inquieta e imprevisible en la escena y en la vida siempre la persiguió. En Estados Unidos conoció a Onassis, quien la invitó con su marido a un crucero en su "Christina" en 1959, en presencia también de Churchill, el príncipe de Mónaco y los Angelli.
    Allí estalló el amor con el rico armador, tanto que después de un año pidió la separación de Meneghini. Pero seguirían diez años de pasión con sufrimientos, celos y clamorosas peleas, hasta que él la dejó para casarse con la viuda de John Kennedy.
    Desde entonces todo pareció favorecer su declinación. Hubo una gira, la última, con Giuseppe Di Stefano: un fracaso al que siguió el retiro en París, el aislamiento y tal vez la depresión, hasta la noche final en que no se sabe si hubo un exceso de medicamentos.
    Hoy aquellos rumores están olvidados, y vive para siempre en su imagen de "divina", la milagrosa voz de auténtico culto.
   

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