De cómo relatar la propia muerte

"Descubrí que estaba muerto", nueva novela de J.P.Cuenca

Imagen de tapa del libro 'Descubrí que estaba muerto', de J.P.Cuenca
Imagen de tapa del libro 'Descubrí que estaba muerto', de J.P.Cuenca (foto: Ansa)
13:29, 16 julBUENOS AIRESPor María Zacco

   (ANSA) - BUENOS AIRES, 16 JUL - Un providencial error burocrático le ofreció al escritor brasileño João Paulo Cuenca la oportunidad de investigar su propia muerte, algo que para el resto de las personas suele permanecer en el campo de la fantasía.

   En 2011, el autor de "Cuerpo presente" (2002) -seleccionado por la revista inglesa Granta como uno de los jóvenes escritores brasileños más destacados-, recibió una citación policial: le informaban que un cadáver había sido identificado con su partida de nacimiento.
    Luego de acceder a parte del expediente que probaba su muerte, Cuenca (1978) inició su propia investigación para aclarar el hecho, con la ayuda de un periodista y de un detective privado. El resultado se vuelca en la novela "Descubrí que estaba muerto", publicada por Tusquets y que recientemente el escritor presentó en Buenos Aires.

   "Al recibir la noticia tuve miedo. La sentí como una maldición. En principio pensé que se trataba de una broma de mal gusto de algún enemigo pero después me di cuenta que tenía que enfrentarlo, aunque lo hice de una manera casi irresponsable", dijo Cuenca en entrevista con ANSA.
    El escritor no se limitó a una investigación minuciosa, repleta de datos jugosos y con miles de cabos sueltos -un festín para todo novelista- sino que se lanzó a una búsqueda riesgosa e imprudente que lo empujó hacia la frontera con el otro mundo.
    Alquiló un departamento en el edificio donde supuestamente había muerto e iba allí permanente a la espera de hallar algún indicio -o que alguien fuera a su encuentro-, como un cazador al acecho de una presa desconocida, que puede terminar, en cambio, por ser devorado.

   "Experimenté allí cosas muy cercanas a la muerte que fueron producto más de la estupidez que de mi coraje. Pero necesitaba acercarme al lugar de la muerte", explicó.

   El texto está estructurado como un policial, aunque atípico: el investigador y la víctima son el mismo, además de ser el autor del libro. Pero abordar la historia en primera persona no le presentó a Cuenca dilema alguno.

   "Me dio una herramienta muy fuerte para explorar la disolución de este sujeto. La manera en que él describe las cosas y organiza sus pensamientos también se va borrando. Su conciencia empieza a fallar. De una manera sutil, a lo largo de la novela, él se va perdiendo", sostuvo el autor de "O día Mastroianni" (2007).
    Del mismo modo, se van difuminando los contornos de su ciudad natal hasta convertirse en un sitio amenazante y extraño. La inusual investigación llevó al escritor a realizar un recorrido frenético por los bajos fondos de Rio de Janeiro -y de sí mismo- cuando estaban en curso las obras previas a las olimpíadas, que le lavaron la cara a la ciudad aún a costa de desalojos y miseria. Esa descripción de Rio, a la vez melancólica y crítica -ni los escritores brasileños se salvan-, está muy lejos de las postales turísticas.
    La impronta de esa ciudad nueva que se construía sobre los restos de la anterior, lo llevó a completar la experiencia con una película, "La muerte de J.P. Cuenca", que escribió y protagonizó y fue exhibida en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI).
    "Había algo de ese lugar, el barrio Lapa, que yo quería atesorar. Era un momento de cambios: se alzaban edificios, otros caían. Y había algo alrededor de ese edificio, el escenario de la muerte del hombre que tomó mi nombre, que me decía que escribir no era suficiente. Había personas que estaban siendo desplazadas por esas obras y nadie estaba registrando eso...creo que de allí surgió el filme", relató.

   Acaso "morir" en Rio sea el único modo que halló Cuenca -quien se describe a sí mismo como alguien irritable y angustiado- para echar raíces en una ciudad a la que describe como delineada por el choque de fuerzas de corrupción y con la que tiene un vínculo de amor-odio. Siempre tuvo la posibilidad de ver un poco "desde afuera" a la ciudad, a pesar de haber nacido allí, acaso, bromeó, porque su padre es argentino.
    Con este relato autobiográfico, que mantiene en vilo al lector hasta la sorprendente última página, Cuenca aseguró haber descubierto la libertad.
    "El dispositivo de la muerte -concluyó- me regaló una oportunidad de escribir como si yo no fuera a ver el libro publicado en vida".(ANSA).
   

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