¿Fuerza Aérea, poderío sin soberanía?

Flota de 46 F-16 sólo se puede usar con beneplácito de EEUU

F-16
F-16 (foto: EPA)
11:56, 14 abrSANTIAGO DE CHILERedacción ANSA

(ANSA) - SANTIAGO DE CHILE, 14 ABR - La exitosa Feria Internacional del Aire (Fidae) que concluyó el domingo pasado en Santiago, con una apabullante exhibición de poderío bélico y comercial, reflotó el tema de los F-16 de Chile que adquiriera hace casi 20 años.
    La Fuerza Aérea de Chile (FACH) cuenta con una flota integrada por 46 cazabombarderos Lockheed Martin F-16 que constituyen la segunda más grande fuerza de aviones de combate existente en América del Sur, solo superada por Brasil.
    Los F-16 chilenos disponen del poderoso misil aire-aire de largo alcance AIM-120 AMRAAM y la bomba guiada por GPS JDAM, dos avanzadas armas estadounidenses que ningún otro país de la región posee.
    Sin embargo Chile al parecer no tiene libertad para utilizar esas aeronaves. "Ultimamente ha ido trascendiendo que el gobierno de los Estados Unidos controla el uso de esos aviones y sus armas, decide cuándo ellas se pueden emplear, y podría incluso exigir su devolución si no se cumplen sus condiciones", señaló a ANSA el experto y periodista especializado José Higuera.
    En 1995 Chile inició la evaluación de un nuevo avión de combate, que consideró aeronaves ofrecidas por diferentes fabricantes de América del Norte y Europa. En el 2001 seleccionó al F-16, y al año siguiente compró una partida inicial de diez aparatos nuevos en Estados Unidos.
    Posteriormente se agregaron 36 aeronaves de segunda mano compradas a Holanda. En total, el gobierno chileno invirtió cerca de 1.500 millones de dólares en la compra de esos aviones, sus armas y soporte posventa incluyendo repuestos.
    Pero la duda es por qué Chile no es libre de utilizar las capacidades de sus F-16.
    "La razón es que la compra de los primeros diez F-16 y, lo que es más importante, de las armas para todos los aparatos de ese tipo, se realizó a través del sistema Foreign Military Sales (FMS) de Estados Unidos, explica Higuera.
    Precisó que, bajo dicho sistema, la posibilidad de vender material bélico a otro país es primeramente evaluada por el Departamento de Estado, que determina si ello sería conveniente para las políticas y los intereses estadounidenses. Si los resultados de la evaluación son positivos, se autoriza la venta y se inicia la negociación entre el país cliente y el fabricante del material.
    "Una vez concluida la negociación, se firma el contrato, pero no con el país cliente, sino entre el fabricante y la Agencia de Cooperación para la Defensa del Pentágono, que actúa como intermediaria entre las dos partes", advierte. "Lo que el país cliente firma es una LOA -Letter of Offer and Aceptation- o Carta de Oferta y Acuerdo. No es equivalente a un contrato, y al suscribirla el cliente renuncia a posibilidad de recurrir judicialmente para reclamar y solicitar compensación ante demoras, problemas técnicos y modificaciones en el material que se adquiere. Y también se aceptan los controles y restricciones de uso del material que impone el gobierno de Estados Unidos", enfatiza el periodista.
    Según Emilio Meneses, especialista en relaciones internacionales y defensa, "al firmar la LOA Chile aceptó una cadena de controles y restricciones de uso, que se extenderán hasta el final de la vida útil de los F-16 y sus armas adquiridas en Estados Unidos".
    Recalcó que "se trata de controles que incluyen un monitoreo de usuario final mejorado o EEUM, con observación digital a distancia de los almacenamientos. Además, personal militar estadounidense debe autorizar los perfiles de misión de los aviones. Los EEUU pueden retirar aviones y armas, sin reembolsar lo que se pagó por ellas, si Chile transgrede las limitaciones de la LOA".
    Meneses apuntó a que los controles y restricciones "son una política explicita, abierta y transparente de los estadounidenses, que ellos no ocultan a nadie y de la cual exceptúan solo a la OTAN y otros aliados importantes".
    "El problema no es con ellos -aclaró- sino con quienes lo aceptaron en Chile. Cuando se advirtió que adquirir los F-16 implicaría restricciones, hubo autoridades locales importantes, incluyendo ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores, que aseguraron que los misiles AMRAAM llegarían sin condicionamientos".
    "Mintieron", dice enfático. "No era inevitable rendir la soberanía de nuestra defensa aérea, porque había alternativas.
    Francia y Suecia ofrecían buenos aviones de combate con armas sin controles ni restricciones", remató.
    (ANSA).
   

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