Narco, despliegan aviones de guerra en frontera

Orden de derribar aeronaves con cocaína

El combate al narcotráfico en la frontera
El combate al narcotráfico en la frontera (foto: ANSA)
16:59, 27 marBRASILIAPor Darío Pignotti

(ANSA) - BRASILIA, 27 MAR - La Fuerza Aérea Brasileña lanzó un megaoperativo contra el narcotráfico en las fronteras donde los pilotos de guerra contarán con autorización para abatir aeronaves sospechosas que no respeten la orden de aterrizaje forzoso.
    El gobierno del presidente Michel Temer adoptó una serie de medidas para endurecer el combate al narcotráfico entre las que aparece como prioritario el "Operativo Ostium", que tendrá a su cargo el control de unos 8,5 mil kilómetros de fronteras.
    Este Operativo, que se prolongará hasta fines de 2017, es uno de los más importantes realizados "hasta el presente" por la Aeronáutica y tiene por objetivo "reducir a cero el índice de ilícitos en una vasta área de fronteras", declaró el mayor brigadier César Mangrich.
    El teniente coronel Sandro Bernardon explicó que el sistema de control aéreo va a contar un apoyo terrestre especialmente montado para estos vuelos de vigilancia y eventual ataque.
    Uno de los campamentos fue establecido en Dourados, estado de Mato Grosso do Sul, donde se instaló "una antena especial para recibir las imágenes de las aeronaves no tripuladas y que sean enviadas en tiempo real a Brasilia", comentó Bernardon.
    En un futuro próximo el sistema de informaciones contará con el apoyo del flamante satélite Geoestacionario de Defensa y Comunicaciones Estratégicas construido en Francia que transfirió tecnología a Brasil.
    Con un costo de cerca de 700 millones de dólares, ese satélite de 5 toneladas será puesto en órbita desde una base espacial en la Guayana Francesa en fecha a determinar, luego del lanzamiento fallido de la semana pasada.
    El programa de vigilancia de la Aeronáutica, iniciado este fin de semana, se concentrará en las fronteras con Bolivia y Paraguay, a donde estaba previsto que hoy arribara el canciller Aloysio Nunes Ferreria.
    La lucha contra el narcotráfico es uno de los temas que constaban en la agenda del ministro de Exteriores brasileño.
    Según los militares, uno de los factores que aumenta la "eficacia" de estas acciones de la Fuerza Aérea en la región fronteriza es la autorización para que los pilotos de guerra pueden derribar aviones que violen el espacio aéreo con cargamentos ilícitos.
    La Ley del Derribo fue aprobada en 1998 pero sólo sería reglamentada en 2004, luego de una prolongada polémica finalmente vencida por los representantes de las Fuerzas Armadas.
    Pero sólo en 2009 esa normativa se hizo efectiva cuando un avión Super Tucano, de fabricación brasileña, atacó una aeronave procedente de Bolivia que transportaba cocaína.
    Los traficantes se vieron obligados a realizar un aterrizaje forzoso en estado de Rondonia, en la región amazónica, donde posteriormente fueron detenidos.
    El ministro de Defensa Raúl Jungmann declaró que Brasil no puede "perder más tiempo" en el combate al narcotráfico, y para ello se requiere más vigilancia de los 15.000 kilómetros de fronteras terrestres y fluviales de Brasil.
    El ministro, que la semana pasada se reunió con Temer y los jefes de las Fuerzas Armadas en el Palacio del Planalto, destacó que Brasil dejó de ser "sólo" un país de tránsito para el narcotráfico y ya es un importante mercado.
    Brasil es el segundo consumidor mundial de cocaína de acuerdo con dos informes presentados por Naciones Unidas en 2012 y 2016.
    El país con mayor número de consumidores de cocaína es Estados Unidos con 4 millones, seguido por Brasil con 2,8 millones personas.
    Entre tanto el gigante latinoamericano está primero en el ranking de adictos al crack con 1 millón de personas, en su mayoría de muy baja renta y afincadas en las favelas de las grandes capitales.
    A esa demanda interna, concentrada en San Pablo y Río de Janeiro, se añade que a través de Brasil transitan cada año toneladas de cocaína destinadas al mercado europeo que parten desde la cuenca del Río Amazonas o los puertos de Santos, en San Pablo, y el de Río de Janeiro.
    (ANSA).
   

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